Al término de cada día
Hay que hacer el recuento
Ver los vestigios del paso de las horas
Levantar los mosaicos para contar las hormigas muertas
Que dejo la guerra de los zapatos contra el suelo.
Rescatar del triturador...
Un trozo de pan
Las pocas onzas de zumo de naranja olvidadas en un vaso
Un trozo de chuleta mal cosida
El colorido sobrante de las verduras al vapor.
Imprimir nuevamente...
Las huellas de la silueta que se perdió en la cama
Los surcos que hace la sábana en la redondez del cuerpo.
Dar de baja...
Los tigres, jirafas, leones, elefantes y demás alimañas
Que se perdieron en la jungla de la sala.
Restarle al tiempo...
Las sonrisas solitarias bajo la ducha
Las caricias guardadas en el bolso de mano
Los suspiros ahogados en un jarro humeante de café
Los besos olvidados bajo la lámpara de la mesita de noche.
Recoger las palabras...
Convertidas en polvo
En las cornisas
En los pretiles de las puertas,
En las baldosas de la banqueta.
Fumigar...
Las arañas del ropero que vistieron tus ropajes
Las termitas de los libros que se comieron tus poemas
Las cucarachas que anidaron en tus oídos.
En el recuento del día...
Hay que reciclar las máscaras inservibles
Y maquillar, con una nueva sonrisa, las todavía utilizables.
Al final del recuento diario
Hay que mirarse al espejo
Y desdibujar las arrugas del día
Para empezar a fraguar; en el laberinto de la casa;
La guerra de las siguientes 24 horas.
Irma del Angel
junio 2011
Al final del recuento diario
ResponderEliminarHay que mirarse al espejo
Y desdibujar las arrugas del día
Para empezar a fraguar; en el laberinto de la casa;
La guerra de las siguientes 24 horas.
Irma del Angel
Vaya, que maravilla